Posteado por: Fray Rabieta | 24 julio 2010

¡Es la estupidez, estúpidos!

“Los católicos tenemos que fracasar siempre”,

me decía ayer no más Doña Herminia Bas de Cuadrero.

Los católicos como ella, sí.

 

 (L. Castellani, en “El Evangelio de Jesucristo”)

Estimados pazguatos:

En efecto, como señala Castellani, a Cristo no le gusta la estupidez. Par contre, al que le encanta la estupidez―y muy en particular la estupidez de los cristianos―es el diablo, qué se creen ustedes.

Y en verdad, no le falta mercado. Pero, claro, a ésos los maneja de taquito, la legión de católicos distraídos, dormidos, confundidos, los beatones, fideistas, escrupulosos, progresistas, maniqueos, jansenistas, papólatras, pasteleros y pelafustanes: ya ni le divierten quizá, tanto cristiano cretino que anda por ahí… comenzando por los que niegan que la inteligencia sea el don (natural) más grande que Dios le dio al hombre, como que sin ella ni el Primer Mandamiento se puede cumplir. En efecto, no se puede amar a Dios en serio, si no es con toda el alma―que quiere decir “con toda tu mente”―que quiere decir “con toda tu inteligencia”, a ver si logro despertarlos de una buena vez.

Por supuesto, ya sé, ya sé: hay quienes tienen más, hay quienes tienen menos, de acuerdo (aquí, por ejemplo, hay unos cuantos que tienen “menos”) pero de la que tienen, la poca o mucha inteligencia que Dios les dio, están obligados a empeñarla a fondo. Porque el Padre quiere adoradores en espíritu y en verdad. Y habitualmente la verdad no se alcanza por dispensación divina directa, por intuición directa, sino luego de esforzar el mayín y pensar bastante. A eso, mis queridos palurdos, están obligados. Ya sé que les da fiaca, que se complacen en protestar que “no son intelectuales”, y que creen que basta con entregarse a vuestras devociones, rezar el rosario, adorar al Santìsimo y multiplicar las obras de caridad. Bueh, dejemos eso, ya demasiado les he hablado de esto, y me da por dejar este asunto de lado, por una vez.

Si son tan estúpidos de creer que pueden permanecer en ese estado, que no es estúpido no querer serlo, dejar de serlo, intentar salir de la estupidez―¿qué quieren que les diga yo? Eso no tiene remedio.

Lo que sí pueden hacer es buscarse un buen “Padre Fundador” que piense por ustedes y seguirlo a morir. Entréguenle vuestra inteligencia, vuestra conciencia. Les va a ir bárbaro. Además es comodísimo. No tienen que pensar más. No tendrás más problemas de conciencia. Jamás estarán perplejos. El Padre Fundador les dirá qué tienen que hacer, cómo, cuándo, etc. Basta con hacerle caso, encolumnarse, y ¡chau!, listo el pollo. Serán cristianos felices y con un poco de suerte se irán derecho al limbo de los animales­―que no sé si existe, y ustedes no tendrán el hábito de consulta, de conversación, de amigos más sabios que uno, ni los libros, ni el modo de averiguarlo. (Lo que sí pueden ir haciendo, es preparar vuestra defensa para el Juicio, “el Padre Tal, me lo dijo”, “siempre hice caso”, etcétera, y luego traten de etiquetar eso con lindísimos apodos, humildad, obediencia, docilidad, etcétera. Les va a ir bárbaro, je, je).

Y luego, con eso, llevar obedientemente a cabo el consejo de Escrutopo, el genial diablillo de Lewis, que propuso un brindis por la inclinación democrática y plebeya del siglo XX:

El movimiento generalizado hacia el descrédito, y finalmente la eliminación, de todas y cada una de las excelencias humanas―moral, cultural, social o intelectual.  

No, dejemos eso de lado, al diablo le interesa mucho más el cristiano con los ojos abiertos, el reflexivo, el que piensa, que busca la verdad, que no se conforma con cualquier respuesta “toute faite”, que tiene espíritu crítico y lo cultiva.   

¿Y bien? ¿Adónde quiero llegar con todo esto? Muy fácil, mis inestimables zascandiles. Pero para lo que tengo que decir esta mañana, necesito que me concedan―por una vez, en serio―que el cristiano está en guerra. No sólo con la carne, enemigo insidioso si los hay, no sólo con el diablo, enemigo temible si los hay, sino también con el mundo y esto, claro está, significa con “todo el mundo”.

¿Será ejercicio excesivo para vuestras fatigadas entendederas imaginarse en una trinchera, con enemigos a diestra y siniestra, con logística complicada, interferencia de comunicaciones, escasos servicios hospitalarios, poca munición, oficiales brutos y tropa cansada?

Así estamos, exactamente así, los cristianos del s. XXI, obligados a librar batalla en condiciones malísimas contra enemigos poderosos. Y entonces, es precisamente entonces, que necesitamos de nuestra inteligencia para responder a la pregunta del millón: ¿cuál sería nuestro peor enemigo? ¿Los comunistas, los masones, los judíos, los liberales? No me hagan reír. ¿Los ateos, los homosexuales, los escépticos, los evangelistas, los amorales de siempre? Por favor. ¿Serán entonces los periodistas, los narcotraficantes, los abortistas, los musulmanes, los budistas, los chinos y los ladrones? ¡Bueh, qué manera de decir estupideces!

Como doy por descontado que no lo van a sacar solos, se los voy a decir: los peores enemigos están de este lado de las líneas, en nuestras propias trincheras, con nuestros propios uniformes, usurpando nuestras banderas, cantando nuestras marchas y, lo que es peor, con cargos de máxima autoridad: el general tal, labura para el enemigo, el coronel cual es agente encubierto, el sargento equis deliberadamente cambia la munición para que no sirva, el cocinero tal envenena la sopa, el soldado fulano deliberadamente dejó el puesto de guardia, el soldado zutano siembra descontento y desesperanza, el otro de mas allá propone planes de ataque disparatados para que nos maten a todos, etc.

Ya saben ustedes a quiénes me refiero, y desde este púlpito no tengo el menor empacho de decirlo: me refiero, explícitamente a cardenales y obispos, curas, fundadores de institutos, rectores de seminarios y universidades, periodistas católicos, diáconos, monjas y laicos de todos los colores que laburan para el Enemigo disfrazados de católicos, enquistados en nuestra propia trinchera, que nos saludan amablemente (con el beso de Judas, claro está, el beso de la paz), que protestan que son cristianos como el que más y no son más que caricatura, fachada, remedo, falsificación y pura mascarada (son los que nos acusan de más papistas que el Papa y ellos son más cristianos que Cristo, je).

Ahora bien, si me prestaron atención hasta ahora, cosa que dudo mucho, quizá les interese desenmascararlos, estos que engrosan la quinta columna que por una grieta se metieron, como humo de Satanás, en la Iglesia de Dios. Son los defensores de la parodia. ¿Y qué cosa es la parodia? Oigámoslo a Castellani, aquel súper-inteligente que Dios le regaló a la Argentina para que los argentinos nos fijáramos un poco (y eso hace más de medio siglo, ya):

Lo Paródico es la imitación de lo Serio; cuanto más parecido a lo Serio sin serlo, es más eficaz en el arte de la comedia. No es lo mismo que lo Cómico, no es lo mismo que lo Falso, aunque participa de esas dos categorías.

Y claro, tiene razón Castellani, porque es doloso, insidioso, artero, traicionero y sumamente eficaz, este enemigo que tenemos en nuestra propia trinchera no nos hace la menor gracia. Sobre todo, porque,

No se puede atacar directamente sin peligro de lastimar lo que está detrás de esa corteza o ese tejido adiposo.       

Y así es nomás. Claro que cada vez más,

La parodia entre nosotros está tocando los límites de la farsa; y entonces… adiós eficacia de la parodia, al quedar en calzoncillos.

Pero aquí tenemos un problema, amigos míos: que si bien lo que tenemos a la vista “toca los límites de la farsa”, no sé Varela Rouco en Madrid defendiendo la ley de aborto, Bergoglio prohibiendo la misa de San Pío V, los seminaristas gays de Roma o la “Universidad Católica Argentina” que ya ni parodia es de universidad, de católica, ni de argentina, si bien de a ratos parece que el diablo se pasa de piola, sin embargo… sin embargo… los católicos se han embrutecido de tal modo, han renunciado a pensar críticamente hace tantas décadas, se han perdido en no sé qué laberintos de congregaciones, institutos y cofradías al servicio de sí mismos, que ya ni se dan cuenta, casi, de la farsa en curso. Cuando no son cómplices con cuidadosos silencios, prudentes justificaciones y oportunas excusas. Esto no habría sido posible sin tanta estulticia, tanta complicidad. Para volver al ejemplo de la UCA, si le hubieran prestado atención a Castellani,  que antes de su fundación ya decía:

Si se fabrica una “universidad católica” por el camino que ahora parece se ha tomado, la Iglesia se manchará en la Argentina con una Universidad Paródica.

Como muestra de botón, ya saben ustedes, ¿para qué voy a perder el tiempo con la UCA? En materia paródica no nos falta nada: liturgia, clases, doctrina, manuales, exégetas, retiros, devociones, congregaciones, vocaciones, prácticas piadosas, espiritualidades paródicas nos sobran. Y ahora, como si no tuviésemos la copa que rebosa de farsa y remedo, he aquí que hasta santos paródicos tenemos, para qué lo voy a mencionar al Escribano ése…

¿Qué más, que ya me he extendido en demasía y todos ustedes están aburridísimos con mi cháchara?

Una sola cosa más: el Anticristo se parecerá a Cristo.

Y a los estúpidos se los va a comer crudos, qué culpa tengo yo.   

*  *  *

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Responses

  1. Buenísimo sermón, cada vez mejor, Fray Rabieta. Espero que vaya teniendo mayor difusión pàra contrarestar las oleadas de estupidez actual.

  2. Gracias, Carlista, por su respuesta.

    Dios lo bendiga.

  3. Yo distinguiría entre lo diferente:

    1.- una cosa es que las actuales canonizaciones sean o no de fe, conforme a las muchas falencias que padecen desde Jan Pablo II.

    2.- Santo Tomás dice de “creer piadosamente que la Iglesia no puede errar en este juicio”. Pero sólo eso: una creencia piadosa, aun para las canonizaciones anteriores a éstas últimas. Lo mismo Juan de Santo Tomás: “…es muy distinto que la Iglesia tenga potestad para canonizar los santos y que la Iglesia no pueda errar al canonizarlos. Lo primero es ciertamente de fe (que puede canonizar), pero no lo segundo (que no se puede errar al hacerlo)”…
    Una elemental madurez en la fe hace afirmar estas cosas, aun cuando el Papa sea alguno de los Píos V, IX, X o Juan Pablo II.

    3.- En la misma línea: “La jerarquía eclasiástica goza del carisma de infalibilidad sólo en orden a la transmisión de la verdad y la canonización de los santos no tiene que ver con la doctrina, sino con la piedad”, afirma nuestro amigo -por reaccionario, claro-, el P. Álvaro Carderón en La lámpara bajo el celemín, al tratar escolásticamente las diferentes cuestiones disputadas desde que está en crisis la autoridad del magisterio (Concilio Vaticano II).

    4.- Sigue nuestro amigo el reaccionario: “La canonización no declara la verdad de cada circunstancia de la vida y obras del santo en cuestión (como puede ser pifiar en algún argumento filosófico), pero sí lo hace con los elementos de su camino de santificación. Por eso, la santidad de quien puede definirse como Fundador del Opus Dei”…
    Y esto es así porque: ” Los simples fieles entienden mejor el Evangelio con el ejemplo de los santos que con la explicación doctrinal”, con”ejemplos vivos”.
    Ahora bien, ese “ejemplo” no es el de una tesis filosófica, sino el de una vida, o el de una Obra.

    5.- Conclusión: no se puede tener una “vida” que sea un mal ejemplo, justamente para poner de ejemplo, pero mi viejo, por ejemplo, a pesar de haber pifiado mil veces, de todos modos es un buen ejemplo, pues hoy le enseña a sus nietos lo que años atrás a sus hijos: “todo el que no sea considerado un fascista es necesariamente un hijo de p…”. Lo mismo, por ejemplo, con San Anselmo, de quien no se pone en duda su santidad, a pesar de algún pifie filosófico. Porque una pifiada no es “una vida”, ni un “ejemplo”. Es tan sólo un pifie.

  4. Carlista, disculpe Ud. mi ignorancia, pero ¿no dice el Señor al Padre: “Santifícalos en la Verdad”?
    Por algo el Padre envía primero al Verbo, que es la Verdad, la Luz, y después recibimos el Espíritu, que es el que nos transforma y nos une al Padre…

    Si los bienaventurados en el cielo (los santos ya consumados), por la ciencia vespertina conocen la Realidad como con los ojos de Dios (perdone mi limitación en estos temas), algo así debe ir sucediendo con los que van llegando a la Caridad Perfecta antes de dejar este mundo. Si llegan a la unión con Dios de verdad, el alma y sus potencias “reposan” en Él y no pueden desviarse al error porque Él se les comunica tanto como se pueda en esta vida.

    A lo mejor, lo que sucede es que a algunos se los “canoniza” antes de tiempo…

    ¡O los pobres no tuvieron tiempo de corregir los errores que dejaron escritos…! Qué sé yo…
    Pero se me hace que, llegados al Cielo, si pudieran volver y borrar las macanas que escribieron, lo harían gustosos. Casi lo hace Sto. Tomás antes de morir, y no había escrito macanas, imagínese…!

    Pero si Fr. Rabieta quiere decir algo con verdadera “entidad”, no como estas impresiones de un pobre cristiano, qué mejor…

    Dios lo bendiga.

  5. Bueno, lo mío fue tranqui. Salí por convencimiento. Fue un shock salir, pero no hubo crisis de fe ni crisis con la institución ni nada parecido. Me fui y listo. por eso mucho ruido no me hace.

    Fíjese que éramos 21 estudiantes, se ordenaron 3, de mi promoción, sólo se ordenó 1 (quien menos pensábamos)
    Yo sé que alguno me saldrá con el argumento pseudo-piadoso de que Dios elige a los que menos pensamos, etc, etc. Desafortunadamente para la orden este personaje es cura y sigue siendo un personaje bastante obscuro.
    Pero ve? Esto lo veía yo (sin ser un gran iluminado) y otros desde el mismo día en que lo conocimos, y sin embargo la inercia formativa dejó que llegue a cura, descuidando a otras personas que hubiesen significado, realmente, un aporte a la orden.
    Y no me extiendo en casos de instituciones formativas, porque estoy seguro que quienes pasan por acá conocen casos por demás.

    Entiendo que discriminar y distinguir es un ejercicio no siempre fácil; entiendo también que es una acción peligrosa señalar la paja en el ojo ajeno a riesgo de tener una viga en el propio; pero ALGUIEN tiene que para ciertas cosas. Es decir: no es que no se sabe quién. Hay gente que tiene el llamado, la autoridad, y la responsabilidad … en qué cuernos andan?

  6. No Malachi, no es así.
    Los errores de San Anselmo queriendo probar la existencia de Dios, por muy píos, son bastante groseros y de muy mala filosofía. No obstante ello, fue un santo de la gran siete.
    Saludos,

  7. Don Wálter, calma… El Escribano no tiene mucho que hacer al lado del pobre Duns.
    Pero explíqueme cómo un verdadero santo puede llegar a errores tan fieros como los suyos, al concebir a la realidad como enteramente “muda” para el hombre, en donde todo depende de la Voluntad y del Dominio del hombre.
    Separando tan hondamente inteligencia de voluntad, llega a preguntarse si la ley natural “obliga”, y debe recurrir al invento de la “ley indicans” y la “ley imperans”… Digamos que, entre el voluntarismo del pobre Duns y los famosos “constructos” contemporáneos, no hay mucha diferencia…

    Que yo sepa, la Ciencia Infusa en los santos de verdad impide que piensen o hagan macanas…

    Qué temas éstos, para que los trate Fray Rabieta, o tal vez el Wanderer, ¿no le parece? ¿Alguno querrá?

    Dios lo bendiga.

  8. Más ruido debería hacerle el hecho de que usted dejó aquel convento, se casó, tuvo hijos, etc… y ahí anda, lo más campante, católico atribulado y fiel en pleno s. XXI.

    Mire si Dios lo dejaba seguir de cura.

    Déle gracias por eso.

    (Igual, de todas las historias, vemos un cachito, y no entendemos… es como si nos dejasen leer cuatro capítulos de una novela de veintidós. Y justo en el capítulo veinte, el malo se hizo bueno y el bueno, malo… ¿qué sabemos nosotros? El que sabe es el Autor.)

    F. R.

  9. Muchas gracias, Fraile, y Monseñor (cuánto clero junto por Dios! :P) por los textos: claros y abundantes.
    De todos modos me sigue haciendo ruido el tema de dejarlos crecer hasta el día de la siega. Por ahí es nada más que histeria mía, pero me parece que muchas pésimas decisiones han sido, o parecen haber sido tomadas bajo este criterio a la hora de dejar seguir a personajes que luego se mostraron como nefastos.
    En mi breve experiencia clerical (4 años de convento), vi mucho pecado, muchísima santidad, y abundante estupidez. Y si bien he visto como a ciertos personajes los ponían de patitas en la calle muy acertadamente, también me tocó ver otros que, contra todo sentido común, eran permitidos y dejados seguir.
    Afortunadamente después, años después, se fueron, pero y mientras tanto? Quién repone el daño que hicieron? Cómo un pendejo de 18 años los podía calar y no un superior de 30 y tantos años de experiencia? repito: estas cosas me hacen MUCHO ruido.

  10. Por favor, Malachi, no me va a comparar al Doctor Sutil con el Escriba.

  11. Sobre como extirparlos….. se me ocurre que no se puede, como la misma parábola lo pone, porque se dañaría al trigo. Crecerán juntos hasta el día de la siega.

  12. Milkus, acá va algo de Castellani, en las Parábolas de Cristo, que quizás ayuden a responder la pregunta sobre cómo diferenciar:

    “Cristo corrigió a los profetas hebreos (o los concretó, mejor dicho) respecto a su Reino. La única respuesta al escándalo de hallar el mal en la Iglesia, o el abuso, o simplemente la ineficacia e impotencia, es que Cristo lo predijo de antemano. En la parábola del Trigo y la Cizaña lo puso paladinamente; en estas parábolas diseñó a los enemigos del Reino, dentro del Reino, y nos mandó tener cuidado, y evitarlos.
    Tres tipos de ellos enumeró: los Pseudoprofetas, los Pastores mercenarios y los cristianos de letrerito, es decir, los que Se dicen y No son; o sea, los Lobos, los que no hacen frente al Lobo y los que no son ovejas sino chivos… o vizcachones. Los comerciantes disfrazados de pastores y las no-ovejas disfrazadas de ovejas. En suma, ojo con las falsificaciones. Y el medio es fijarse en las obras y no en la palabrería, en los frutos y no en el follaje.
    Una buena tarea nos carga aquí Cristo: una Iglesia militante; donde hay que militar, donde hay peligros continuos, zozobra y guerra. ¿Y las armas? Nada. Como corderos en medio de lobos; sencillos como las palomas. Una sola arma: ojo alerta. Más recelosos que las serpientes.”

    Y más adelante:

    “El trigo son los Hijos del Reino, el luello son los Hijos del malo”. No nos engañemos: la cizaña o luello aquí designa los herejes, los malos pastores y los cristianos de letrerito, a la vez: así lo pronuncia santo Tomás, el “Doctor Communis” (Communis mas no vulgaris) rotundamente. Los comentadores vulgares (a veces demasiado vulgares) dicen que el Trigo son los católicos y el luello, las otras religiones; o bien los herejes. Es santulonería y tontuna. La parábola queda enteramente emasculada con esa exégesis, que es falsa. Cristo tronó contra los Malos Pastores y los Cristianos de Letrero mucho más aún que contra los Pseudoprofetas o herejes; y que después los extrajera de la Cizaña y los pusiera en el Trigo, es decir, entre los Hijos del Reino, es imposible. Eso sería identificar las almas por los cuerpos, por los letreros, sotanas o títulos jerárquicos con que se les honra y se honran entre ellos mismos; y Cristo trata aquí de la gracia santificante o sea la amistad con Dios, de que depende o el Cielo o el Infierno; no de sotanas o uniformes, que si hacen al monje, no hacen al santo. A los fariseos los llamó taxativamente “hijos del diablo” o sea “añamembuí”, como aquí a la mala semilla. El asesinato de Cristo, que es el nudo del drama de la Redención, lo perpetraron los Saduceos, que eran herejes y LOS FARISEOS que eran Malos Pastores, los cuales llevaron la voz cantante, y tuvieron el asunto en el puño.
    No hay que admitir la exégesis santulona (buena quizá para otros tiempos), ni de la mano del autor de más autoridad. Aquí en estos comentarios míos hay muchas “primicias” (que Dios sea loado, pues de Él son) es decir, cosas que no están en ningún otro escritor, y son verdad. Eso no quiere decir que yo tenga más talento que los antiguos, sino que los tiempos cambian; y los que vivimos han cambiado con un paso y una decisión que espanta. “Nueva era”, dicen. Sí. Era de la Atómica… y del Luello maduro. “

  13. Milkus, me quedaron resonando sus preguntas y recordé un texto del insigne Newman. Hélo aquí:

    “Cristo no sólo no habla de su religión como destinada a poseer un dilatado poder temporal, semejante al que tenían los Babilonios, sino que cuando advierte a sus discípulos contra el deseo de ocupar las primeras plazas en su reino (Mt. XX:26) de hecho vaticina que habrá ambición y rivalidad entre sus miembros más encumbrados. Peor todavía, advierte contra pecados más groseros aún, como cuando describe al mayordomo que se pone “a maltratar a los servidores y a las sirvientas, a comer, a beber y a embriagarse” (Lc. XII:45)—pasajes que revisten tremenda significación si se tiene en cuenta la clase de hombres que han sido elegidos como representantes suyos y que antaño han ocupado los sitiales de sus apóstoles.
    Por tanto si se objeta—contra lo que parecían predecir los antiguos profetas—que el cristianismo ni siquiera acaba con el pecado dentro de su propia jurisdicción, podemos responder, no sólo que nunca se comprometió a semejante cosa, sino que de hecho Cristo explícitamente advirtió a sus seguidores contra semejante expectativa.”

    Sursum corda,

    F. R.

  14. Milkus Maximus:

    La vida entera de Castellani puede condensarse en esas dos preguntas de usted.

    Y él respondió con su vida entera (no sólo con sus escritos).

    Ahora, eso fue hace más de medio siglo atrás. Ahora es más difícil todavía.

    Cosa de la que el maldito cura nos avisó también. (Recuerde su dedicatoria de “Cristo ¿vuelve o no vuelve?”: A los fieles de los países del Plata, previniéndolos… etc).

    F. R.

  15. Ok, todo muy bien, pero, y cómo se hace para distinguir entre el trigo y la cizaña? Y una vez distinguido (si es que fuese cosa fácil), cómo se hace para extirpar el quiste sin dañar al resto?

  16. Comparto todo lo que ha escrito, pero en mi cabeza tenia estas ideas en un lenguaje más rustico porque no tengo mucho estudio, sin duda andamos mal con los catolicos y la sociedad ya esta sintiendo nuestra mediocridad.

  17. Fray Rabieta, magistral este sermón de hoy… La verdad, lo estaba esperando.

    Ud. expresa todo lo que yo pienso: ” cardenales y obispos, curas, fundadores de institutos, rectores de seminarios y universidades, periodistas católicos, diáconos, monjas y laicos de todos los colores que laburan para el Enemigo disfrazados de católicos, enquistados en nuestra propia trinchera…”

    Pero se olvidó de mencionar ejemplos más “candentes”, como los de las fundaciones noveles que toman el “usus antiquior” como “casi propio”, haciéndolo coincidir con el esperpento del Novus Ordo en la misa o en el Breviario (pues no lo quitan del todo), o motorizando márketing en forma de films sobre figuras de “santos” dudosos, como el pobre Duns Scoto (dejemos descansar un poco al Escribano, que parece que fuera el único…), que se ha puesto de moda.

    Yo espero que los que saben, hablen claro, como habla Ud. en este blog. Y también espero que Ud. hable claro fuera de este blog, al menos con aquéllos/as que están dispuestos a escuchar y a aprender, y que algo (bastante) saben ya del desastre que nos rodea… No deje de hacerlo: es su responsabilidad.

    Dios lo bendiga.


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