Posteado por: Fray Rabieta | 24 marzo 2010

El MBT Súper Sport

No ponemos la mirada en las cosas que se ven,

sino en las que no se ven.

 (II Cor. IV:18). 

Mis pedestres feligreses:

Los hombres se dejan engañar fácilmente y muy pronto en sus vidas se dejan encerrar por el mundo de las cosas visibles, negando o haciendo caso omiso al inmenso, trascendente y eterno universo de lo invisible. Deliberadamente, una gran cantidad de nuestros contemporáneos han limitado la existencia a sólo las cosas que se ven. Y si hay algo más allá de lo visible, harán como si no existiese.  Y como señala el Gran Cardenal Newman,

No diré que “todo” lo que pertenece al mundo invisible resulta considerablemente más importante que las cosas que vemos, pues entre ellas están nuestros pares, los hombres, y nada de lo creado es más precioso ni noble que el hijo de un hombre. Con todo, considerando todo lo que vemos y todo lo que no vemos, en general el mundo invisible constituye un universo de cosas muchos más elevadas que las que vemos. Empezando, antes que nada, con Dios Todopoderoso que está por encima de todas las cosas, como que Él las creó…

 Pero, claro, vivimos en un mundo secularizado en el que los hombres prefieren regirse por lo que ven, por lo que alcanzan a sentir con sus cinco sentidos—y nada más. No hay más que eso. Son materialistas en el sentido más craso del término, de hecho, en sus vidas, en sus convicciones más profundas, son más materialistas que Marx y que Engels. Y no quieren creer lo dicho por San Pablo, que el mundo de lo que se ve es temporal, mientras que las cosas invisibles son eternas. No, para el moderno no hay más que lo que se ve. Como se diría hoy en día, “es lo que hay”. Y ni se sospechan que ese mundo de cosas invisibles, un día irrumpirá violentamente en este para gozo indecible de los que conserven la fe, para terror indecible de los incrédulos de siempre. Porque, imagínense ustedes, si la sola revelación de un solo arcángel a Nuestra Señora, pareció perturbarla un poco, pues, vamos, ¿qué será cuando aparezca Nuestro Señor sobre las nubes en gloria y majestad? ¿Qué será la disolución de todo lo visible? Porque será de repente, y pronto, tal como lo anunció el primer Papa:

El Día del Señor llegará como un ladrón; en aquel día, los cielos, con ruido ensordecedor, se desharán; los elementos, abrasados, se disolverán, y la tierra y cuanto ella encierra se consumirá. (II Pedro, III:10)

 La tierra, y cuanto ella encierra. 

Los autos, por ejemplo. Porque es de saber que además del fútbol, los argentinos contamos con otra idolatría: la de los automóviles. Son bienes visibles, son bien visibles. Incluso en el interior de país, en cada bar, en cada reunión de amigos, en cada charla informal, los argentinos hablan de fierros: son, la inmensa mayoría, fierreros (y sí, en el interior más todavía). Creen que son una gran cosa, los automóviles y saben de lo que hablan. Es una idolatría vieja ya, con sus propios rituales, lenguaje sacro, doctrina y culto.

En el “ejercicio de culpas” que practicamos en esta Santa Orden todos los jueves, después de la cena, los frailes—uno por vez, claro está—tienen que relatar pecados, faltas o estupideces de su pasado. Y luego referir cómo se enmendaron. Pues bien, muchos de los frailes de esta casa han contado estupideces parecidas: Fray Bilisnegra se había abonado a “Corsa” y la esperaba todas las semanas con grande expectativa; Fray Disgusto lavaba su Valiant III todos los sábados a la tarde, el auto sobre la vereda, las puertas abiertas, escuchando un partido de la Primera “B” y ha confesado que en el lustrado se empeñaba como quien usara un purificador. Era, nos cuenta, como si el auto estuviese sobre un altar. Todos, ¿no?, incurrimos en cosas parecidas. Yo mismo confieso que alguna vez he ido a correr picadas en la Panamericana (con el Fitito de mi viejo, a quien se lo afanaba); Fray Bilisnegra contó que una vez se anotó en el autódromo para correr con un “fuera de fábrica” que habían armado entre los muchachos del barrio, y el mismísmo Fray Letal, fanático de los Torino, refirió que se quedó toda una noche oyendo a un relator que contaba las peripecias de las 24 horas de Le Mans. Por su parte, Fray Demasía se ufanaba de que nadie como él sabía hacer “punta y taco”…

Etcétera.

Y sí, en efecto, constituye la idolatría nacional: si se ponen a escuchar la conversación en el tren, en el subte, en la oficina o en cualquier reunión de amigos, oirán los “mantras” repetidos una y otra vez, “full, full”, levanta vidrios eléctrico, doble árbol de levas a la cabeza, dieciséis válvulas, escape Silens, inyección electrónica, air-bags, cebador automático, pasa-cassettes, el mejor seguro, el mejor auxilio, la mejor ruta y no sé cuánta infinidad de estupideces parecidas, sobre las que se discute, se especula, se filosofa, despertando muy particulares concupiscencias fierreras—(¿y si saco otro crédito y me compro un Bora?).

Pues bien, supongo que todo esto se les antojará como bastante inocente, estas largas horas de charla, los sueños con comprar este auto o este otro, esta pasión por los fierros. Seguramente.

Y confieso redondamente aquí, que participo de la misma pasión, aunque es sólo por un vehículo—ninguno se le acerca ni de lejos. Es el “MBT Súper Sport”. ¿Que no lo conocen? ¿Que nunca oyeron hablar de él? No me extraña, por fierreros que sean.

Y con todo, el MBT tiene varias ventajas sobre los demás vehículos de “alta gama”: es más elegante que cualquier Mercedes, más seguro que cualquier Volvo, más rápido que cualquier Audi, tiene más pique que el BMW y es mucho más económico que un Passat. El MBT tiene más torque que cualquier 4×4 del mercado, es más canchero que cualquier Mini Cooper y es más confortable que cualquier Rolls Royce. Tiene un interior más espacioso que el Jaguar, cualquiera que quiera hacer un “test-drive” comprobará que el MBT es inigualable, no tiene rival: dobla con toda facilidad, frena con mayor eficiencia, no consume nada y se abre al exterior como no lo puede hacer ningún otro decapotable. Desde el puesto de comando se dispone de una visual incomparable: literalmente, se ve todo, absolutamente todo, todas las cosas visibles tal cual son.

¿Y bien? Cuando vendimos el Kaiser Carabela de esta Santa Orden, quisimos proceder como habíamos planeado adquiriendo un sulki, pero el producido de la venta no alcanzó. Fue entonces que entre todos los frailes concordamos que no había nada que hacer, que nos veríamos obligados a comprar un “MBT Súper Sport”, que todos aprenderíamos a manejarlo, que todos sabrían cómo hacerle el service y tenerlo lustradito y disponible para cualquier ocasión.

Y así es, mis dormidos fierreros de cuarta: tengo el gran placer de comunicarles que ya disponemos del “MBT”, que nos salió gratarola y que es el mejor vehículo del mundo para llegar al cielo.

Es el “Menosprecio de los Bienes Terrenales”.

Y ustedes también pueden adquirirlo por cero pesos.

Es, sin lugar a dudas, el mejor negocio del mundo.

Aunque el mundo, como todo el mundo sabe, no sabe el negocio que se pierde. Porque es una cosa invisible.

Pero visible o no, es un bendito vehículo de transporte, el MBT de mis amores, el MBT Súper Sport… (y hay que ver qué lindo motor tiene, la suspensión de sus amortiguadores, los faros que iluminan tan poderosamente, el lujo que es poder tener uno, y cómo desde que lo tenemos vemos tanto mejor, tantas más cosas…).

 Se los recomiendo, muchachos, se los recomiendo.

Y si aún dudan, les corro una picada, a ver quién llega primero.

A casa.

*  *  *

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Responses

  1. Estimado Fraile cabrón: Su espiritu mal llevado, lo ha “conducido” velozmente a una postura equivocada. Los automóviles nos llevan y nos traen, son medios de transporte y puede que se los idolatre un poco, yo como no los puedo ver, poco me importan. El Mercedes Benz tiene un aroma muy particular y no me diga que no le gusta ese olor a auto nuevo, es fantástico. Ahora una moto… ¿que me dice de las motos? Ahhh, no hay como sentir el viento en la cara o la musica del motor de una Harley, vamos Fraile no hay pecado en eso, son pequeños placeres en este valle de lágrimas. No hay nada mejor que ir a misa sentado un sidecar. Aguante las motos y Pappo Blues, que desde que murió para mi los truenos son el escape de su moto.

  2. No le voy a permitir que llame “vago” al cura Rabieta.

    No es un vago, es un “contemplativo”.

    EL PINCHEIRA COJONUDO.

  3. Qué sabés rabieta si yo entre bujes rulemanes y chiclers de baja no estoy mas cerca del cielo que vos que andás a pata.

    Un rebaje y a casa.

    Tengo varios rosarios (misterios rabiosos incluidos) mientras conduzco mi fierro.

    Andá a laburar monje vago.

  4. Estimado cura: Ni el Mercedes es el mas elegante, ni el Audi el mas rapido, como tampoco el BMW el de mas pique.
    Y menos su MTB el mas barato aunque no salga ni una moneda.
    Antes de comparar, distinga costo de valor, y si quiere ir al cielo no compre nada, ni su hermoso MTB.

  5. Me pasa lo mismo con los autos no me interesan más que para que me lleven y me traigan me parece que ese es el fin lo demás es ostentación y estorba .Que el último modelo que el 0 km que el autómovil alemán.Ahí ya entramos en terreno de consumo y materialismo.Todo eso no es de Dios.Días atrás vi un curita con lentes negros sotana y su renault 0 km y la verdad mmmmmm…….
    Recuerden al Padre Merrin.

  6. Para mi los autos son un medio de transporte, y punto. Me pregunto si algo anda mal en mí que siendo varón no me interesan los autos en lo más mínimo. Ni el fútbol.

  7. Ojo Fraile, que si no es el desprecio desde Dios, puede transformarse en orgullo…. Aunque con nada más que autos, sí, de acuerdo, hay que despreciarlos.

  8. “Dijo Abba Isaac a los hermanos: “Nuestros padres, y abba Pambo, usaban ropas viejas, hechas de palmas y remendadas, pero ahora lleváis vestidos preciosos. ¡Marchaos de aquí! ¡Abandonad este lugar!”. Cuando estaba por salir para la cosecha, les dijo: “No volveré a daros órdenes, porque no las observáis”. (Apotegma 378)

    Creo yo, querido padre, que la pobreza viene a ser un corolario de los tres consejos evangélicos. El pobre obedece a Dios, por no deber su voluntad a nada supérfluo-creado. El pobre es casto, porque deshacido de las trabas de Mammón adquiere la sutileza de los ángeles, que niegan su pureza a la conscupiscencia.

    La progresía ha visto en la pobreza, por otra parte, un buen motivo para vaciar los placares de las sacristías, y vestir el oficio sacrificador de miserables harapos. La fealdad, la indignidad y la “pobreza” son convertibles en la lógica progre.

    Cuan lejos está de esto la pobreza evangélica, que se vuelve esplendorosa y parca a la vez tratándose del altar de Dios.

  9. Hola, Fray Rabieta. Su blog me gusta a rabiar. No me extraña que hasta el Arzobispo de Viena le imite: convoca un «anger-party» bajo el lema «¡estoy rabioso, Dios!». Con los chicos de Somos Iglesia. (Por cierto que el apellido imposible de ese Cardenal, el P. Castellani lo escribiría a la llana: Chombrón).

  10. Yo empiezo a sospechar de la gente que habla demasiado de los autos .Hablan como si fuera una mujer o el cielo mismo y no como un medio de transporte.No pueden mirar más allá.Su Norte no es el Verbo su Norte es el consumo no nos engañemos más.Si te autoproclamas cristiano y gastás tu platita en un BMW 0 sos un apóstata.Volvé padre Merrin el viajaba en Yellow Cab.

  11. Muy distinguido Fray Rabieta,

    La verdad es que me ha hecho reír, además de recordarme que hace un tiempo atrás, con el buen tino que lo caracteriza, Wanderer una vez más – y no se cansa de hacerlo – me censuraba un comentario sobre el tema (él no soporta que mis estupideces tomen demasiado vuelo, y yo se lo agradezco).

    Le decía, justamente y con motivo del Torino y un parangón que había hecho con la situación de la FSSPX, que buena parte del “ser nacional” radica en el hábito de organizar pic-nics al costado de “La Gaona”, a la sombra del Toro con spoiler, polarizados y patonas –máquina infernal – situación donde, claro está, no pueden faltar los vivos recuerdos del recién finado Sandro, ni la utilización de las muy características chombas Pingüi.

    Todo esto -le decía yo al Blogger vecino- nos confirma que la Argentina tiene una espiritualidad más fierrera que franciscana.

    Como es obvio, usted también puede censurar las tonterías de up supra, aunque tal vez y por desgracia, no por tontas sean inciertas. Fíjese que si pudiésemos hacer un censo, nos daría que:

    – son más tipos los que lustran el auto todas las semanas que los que con esa regularidad comulgan;

    – que son más los que darían la vida por los Kirchner porque con ellos lograron comprarse el primer tutú que los que quisieran al menos insultarlos por la propagación sin cuento de la inmoralidad desde el mismísimo Gobierno;

    – o que también son más los que hace ya quince días que vienen poniendo pipí cucú la F 100 para que no los abandone en la mitad de la ruta a Chascomús el próximo “fin de semana largo” y con motivo de la Semana Santa, a los que en esta Cuaresma vienen meta ayuno y no consideran que los próximos sean precisamente días pal’ turismo.

    Vio? Efectivamente, tenemos una espiritualidad más fierrera que franciscana, “los números no mienten”…

    Suyo,


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