Posteado por: Fray Rabieta | 20 marzo 2010

Si le digo la verdad… le miento.

Para esto nací y para esto vine al mundo.

 (Jn. XVIII:37).

Muy señores míos:

Para dar testimonio de la verdad. De parte de Cristo, hablando con Pilatos. Y no sirvió de nada, porque Pilatos era relativista, el maldito burro negro para quien la verdad era nada: le importaba un belín. 

Y la verdad más verdadera es que a la inmensa mayoría de los cristianos de nuestro tiempo tampoco les importa un soto. Y olvidaron aquello de San Juan de la Cruz, ¿no? que

Un solo pensamiento del hombre vale más que todo el mundo; por tanto sólo Dios es digno de él. (Dichos de Luz y Amor, nº 34).

 El viejo Bruck lo señaló hace más de medio siglo:

Si los católicos no aman la verdad es que nunca les han enseñado a amarla, nunca los han alentado a amarla. Y cuando alguno de ellos se atreve a decirla, ¡cuántas exclamaciones ahogadas!: “¡Chss! ¡Chss! ¡Cállese! ¡Sabemos todo eso pero son cosas sobre las que más vale no decir nada! ¡Eso haría mal a la religión! ¡Tenemos bastantes problemas como éstos!” Toda mi vida he oídos tales cuchicheos en las sacristías. ¿Es este tu ejército? ¿Esos tus soldados y tus jefes? ¡No es sorprendente perder las batallas con tales amigotes!

Con tales amigotes… pero cómo no, igualitos que Pilatos, ché, y la verdad les importa un comino. ¿Hará falta que lo demuestre? Unos por fiaca. Les gustarííía saber, a este primer binario de hombres, pero no quieren leer, ni averiguar, ni estudiar, y mucho menos pensar, porque como a Bertie Wooster, después de pensar le dolía la cabeza, ja, ja. Y como ha dejado perfectamente demostrado Newman, hay un problema con eso, y es que la verdad se oculta de quien no la busca. Y estos no buscan nada, ni averiguan, ni preguntan, ni nada, porque les da fiaca. Cristianos con fiaca, que no saben porque no buscan y no buscan porque… bueh, es mucho laburo, ché, y yo bastante tengo con mis propios asuntos, así que…

Cristianos que no les importa la verdad—está lleno de ellos, son mayoría absoluta. Y luego están los que ya saben, ¡Dios mío! Se enteraron de todo sin estudiar, sin reflexionar, sin preguntar, sin leer, sin estudiar, sin contemplar, sin cotejar ideas, sin conversar con alguno que sepa un poquito más. ¿Para qué, si ya saben? Los grandes papafritas que son tan ignorantes que ni siquiera saben que no saben nada—los anti-socráticos argentinos, que tantos de esta especie abundan en nuestro país. Ya saben. Por eso hablan con tanta solvencia de angeología, o de mariología, de estrellerías o de política, de filosofía o de literatura, de comida vegetariana, de la Segunda Guerra Mundial o de Vietnam, del Concilio Vaticano o de la conspiración de Catilina… lo que quieras… nuestros sabihondos compatriotas de café, ilustrados por cien películas hechas en Hollywood en base a guiones cocinados por ignotos judíos de raras ideas—más tres recuerdos de la infancia, la paciente y concienzuda lectura de “Platero y yo”—fue la última vez que leyeron algo serio—mil programas de televisión y un chiste que les hizo gracia. ¿Qué es la verdad para ellos? La verdad son ellos, sus ocurrencias del momento, o el resultado de una pasión dialéctica sin lógica ni rumbo regada por unos vinos de más. Los cristianos que ya saben, ¡ufff!, son millones.

Pero no son todos. Están los sectarios también, los que en lugar de buscar, averiguar, inquirir, preguntar, estudiar, reflexionar, leer, contemplar, volver a preguntar, pensarlo todo de nuevo—tienen a Uno que les resuelve todo, que les da las respuestas servidas: el Jefe, el Padre, el Dueño de la secta, sea el Opus, el Ive, los Legionarios de Cristo o la Comunidad de San Egidio, lo mismo da. Es que, como bien ha demostrado el gran Ronnie Knox, los sectarios no aman la verdad, sobre todo porque son “entusiastas”. Con característica parsimonia el brillante inglés los describió de un plumazo:

El entusiasta, dice Knox, menosprecia especialmente el uso de la razón humana para alcanzar cualquier verdad religiosa.

Que Dios le habla a través de su intelecto es una noción que tal vez en los papeles finje aceptar—pero en la práctica le teme al tal principio.

¡Le teme! Mejor le preguntamos al Padre Buela, ja, ja. O peor, al Padre Maciel, o al P. Gianuzzi, o al Padre Mongo, ja, ja, ja. Pero no haremos una indagación personal, usando el propio bocho, porque eso es peligroso, porque eso les daría personalidad, carácter e identidad a quienes, por definición tienen que ser zombies, como los de Haití. Y como cada uno tiene su Papá Doc, ¿para qué preocuparse en buscar la verdad? Se lo preguntamos a Papá Doc y listo el pollo.

Y todos estos cristianos, zombies o no, relativistas o no, fiacas, desaprensivos, ignorantes, brutos, salvajes y necios odian a los que saben más. Y en la práctica odian a la inteligencia, y al mismísimo Espíritu Santo que de siete dones dispensa cuatro que hacen asiento en el entendimiento especulativo y práctico (entendimiento, sabiduría, ciencia y consejo). En nombre de una falsa humildad, minusvaloran a Santo Tomás o a San Agustín diciendo que mucho más grande era el Cura de Ars, o San José, o no sé quién más. Desprecian a los Padres, y prefieren leer al Teólogo Respondón, o las obras del Cardenal Mariconini, ja, ja, o las revelaciones del Marqués de Peralta. Es posible que de la boca para afuera digan que tienen gran respeto por Castellani, pero es mentira, porque si así fuera conocerían lo que dijo, lo que escribió, y no serían los necios que nos conocemos tan bien.

Ahora bien, mis queridos babiecas, voy a decirles una cosa que me da mucha, muchísima bronca—hay pocas cosas que me dan más rabia que ésta que les voy a decir: y es que nos tachen de “intelectuales”. Con esa palabrita nos despachan al último rincón del menosprecio más fino, de la burla más irónica, del sarcasmo más incisivo que se les puede ocurrir, porque la palabrita ésta, el adjetivo éste, “intelectuales”, connota claramente un saber libresco, es etopeya de la rata de biblioteca—evoca al primero de la clase, ¿no?, el gordito de anteojos que sabía todo cuando íbamos a la Primaria, y que era un gil de lechería, un “aparato”, el blanco preferido de todas las bromas del colegio, el punto de la clase (en el Liceo Militar le decían “el boca”, los yanquis los llaman “geeks”, ya saben ustedes).

Pues bien, ¿intelectuales?… las pelucas, señores. Por lo menos en esta Santa Orden no los hay y si los hubiera los echaríamos a patadas. No es que no estudiemos, no es que no nos quemamos los ojos leyendo mamotretos, no digo que no—no digo que no nos pasemos las horas tratando de descular asuntos subidos, que pasemos muchas veces semanas, meses y aun años debatiéndonos con el espíritu perplejo, ni voy a negar tampoco que después de muchos, muchísimos años de ese empeño por aprender, esas largas conversaciones en busca de la verdad, esas interminables mateadas súper Hegel o el Surnaturel de De Lubac, esas persistentes discusiones sobre Monseñor Lefevre o el Pseudo-Dionisio, esas pacíficas tenidas peripatéticas, esas sostenidas investigaciones sobre este asunto o aquel otro, no digo que todo eso, después de mucho tiempo, no arroje algún resultado más o menos notable: y es que sabemos un poquito más, porque estudiamos un poquito más y porque aprendimos, a las cansadas, después de un esfuerzo pertinaz, con una tenacidad de década tras década, un poquito más. Pero ¿intelectuales? No señor, y lo tomamos como lo que es: un perfecto insulto de parte de los burros de siempre que no saben porque la verdad se oculta de quien no la busca, por más que quieran alcanzar el cielo a fuerza de modestias y falsas humildades del tipo “non sabo”, pobre de mí (y con preguntarle a Papá Doc, no alcanza, ché, ni por pienso).

Y el cristianismo es lo que es hoy, su estado es tan calamitoso, precisamente por falta de esto, por falta de esta pasión por la verdad. Esa pasión que tenían Newman y Castellani, Belloc y Chesterton, Lewis y Péguy y Kierkegaard y tantos más. Bien lo dijo nuestro Papa, cuando era cardenal todavía:

Se olvida la relación que el Nuevo Testamento establece entre salvación y verdad, cuyo conocimiento (lo afirma Jesús de un modo explícito) libera, y por lo tanto, salva.

 Y al revés también. Si ustedes, mis dormidos floripondios, no sienten esta pasión por la verdad, si no padecen por la verdad, si no se desvelan por aprender, saber un poco más, progresar en el conocimiento de Dios y de sus cosas, simplemente están perdidos, por fiacas, por necios o por entregarse a las fauces del Papá Doc que idolátricamente pusieron en lugar de Jesucristo Nuestro Señor.

Así que, váyanlo pensando y pregúntenle en serio a Nuestro Señor qué cosa es la verdad. Como María de Betania, deténganse en Él, es lo único necesario.

Piensen un cachito. Es lo mejor que pueden hacer.

Y sálvese quién pueda. 

*  *  *

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Responses

  1. Estimado “fraile”.
    como escritor “intelectualoide” aburrido y totalmente resentido con los que realmente buscan la Verdad, es usted un muy buen panadero… no quiero faltarle el respeto como lo ha hecho usted con los que son los “dueños o jefes de las sectas” como lo dice usted. tenga cuidado, porque si es, como usted dice, fiel a Nuestro Papa y a Nuestro Señor Jesucristo, estas “sectas” que las llama usted, han sido inspiradas por el Espíritu Santo (que también es Dios, por si no lo sabía). Y si tiene alguna duda sobre esto último pregúntele al Papa por qué permitió que fueran aprobadas algunas congregaciones como el Opus Dei o el IVE…

    El Sentido Común

  2. Alguno:.
    Me parece que dió Ud. en la tecla.

    Como si los únicos que pueden hablar en la Iglesia son los que “hacen cosas por ella”. Y a los pobrecitos que no estamos en ninguna “orga” solamente nos queda cargar escuchar a estos maestros, y admirar sus grandes obras.

    Por suerte hubo alguien que fundo a los Ermitaños Urbanos. Yo me anoto para la tercera orden.

    Juancho.

  3. Se nota que el Sr “S” esta á bastante amargado… probablemente le tocaron a algún amado fundador o quizá se sintió identificado con las cosas que Fray Rabieta escribió en su comentario. Ya que no es con argumentos racionales que desafía la lógica del sermón buenísimo que en este post aparece, sino que utiliza el arma de las descalificaciones…
    Y como yo no quiero caer en lo mismo, les pregunto a “s” y a “NN” (que no se ni me interesa saberlo si son las mismas personas) si es que tengo o no tengo la razón en lo siguiente:
    “Acusa a otros de cerrados, hacer sus propios grupos, quintas, de no buscar la verdad, etc
    y en definitiva Ud. está en la misma:”
    A mi eso me huele a orgullos herido por fundador atacado, dado que lo que que dice Fray Rabieta en su sermón es:
    “Están los sectarios también, los que en lugar de buscar, averiguar, inquirir, preguntar, estudiar, reflexionar, leer, contemplar, volver a preguntar, pensarlo todo de nuevo—tienen a Uno que les resuelve todo, que les da las respuestas servidas: el Jefe, el Padre, el Dueño de la secta, sea el Opus, el Ive, los Legionarios de Cristo o la Comunidad de San Egidio, lo mismo da. Es que, como bien ha demostrado el gran Ronnie Knox, los sectarios no aman la verdad, sobre todo porque son “entusiastas”. Creo que ahí está la clave de la primera parte de su comentario.

    Lo siguiente que ud dice es: ” lenguaje propio (absurdo, lamentable cuando no vergonzoso), grupo cerrado (claro, justo el suyo es el bueno), lo entienden “iniciados”, son los únicos “justos”…”
    Yo pienso que si usted no entiende, no es por culpa de Fray Rabieta ni porque él tenga un lenguaje escondido… porque de hecho yo nunca he encontrado algún lenguaje hermético o algo por el estilo en sus escritos. Basta sólo con ser un poco culto y no ponerse a vociferar contra lo que no se entiende.

    “Sería bueno saber qué hizo, hace por la Iglesia.
    Pero dejemos que eso lo juzgue Dios. Él no se va a equivocar. Ni va a buscar el mal ajeno.”
    Esa es una típica respuesta de neocatecumenal, Opus Dei, LC, y demases etcéteras… es que ellos “han hecho tanto” por la Iglesia que cuando los atacan, lo primero que sacan a relucir son los colegios, grupos de gente y cantidad de personas que frecuentan sus sedes. Y en el caso de que usted no sea de ninguno de estos grupúsculos, el problema parece ser bastante menos complejo, y creo que sólo se trataría de un amor propio herido y nada más. Sólo puedo ver los hechos externos, de manera que nada de lo que diga sobre lo que usted siente o piensa es algo seguro, sólo son teorías, porque no soy Dios para juzgar intenciones. Sólo me asusta profundamente el resentimiento que estila en sus comentarios.

  4. Leí más de su blog y más pena me dio por Ud.

    Acusa a otros de cerrados, hacer sus propios grupos, quintas, de no buscar la verdad, etc
    y en definitiva Ud. está en la misma: lenguaje propio (absurdo, lamentable cuando no vergonzoso), grupo cerrado (claro, justo el suyo es el bueno), lo entienden “iniciados”, son los únicos “justos”…

    Sería bueno saber qué hizo, hace por la Iglesia.
    Pero dejemos que eso lo juzgue Dios. Él no se va a equivocar. Ni va a buscar el mal ajeno.

  5. Veo que borró mi comentario. Era predecible.
    Agrego algo de lo que me percaté después: el nombre que eligió muestra patentemente que clase de persona es Ud.: es claro, a primera vista, una persona que se queja…
    Pero hay que agregar: la rabia puede connotar ira (y no necesariamente de la “buena”), envidia, celos, resentimiento, odio, deseo de venganza… cuando no “sentido de inferioridad”, fracaso personal, mediocridad…

  6. Lamentable que escriba con un lenguaje encriptado.
    Lamentable que critique a todo el mundo (menos a Ud., obvio)
    LO mejor que se le puede decir:
    – tienen la llave, ni entran no dejan entrar
    – ni hacen ni dejan hacer…

  7. mmm, mediocre, me parece que te quedaste corto, también va acentuado en otros supuestos además del interrogativo y el exclamativo (x ej. cuando tiene carácter enfático o equivale a “unos” u “otros”):

    Ver por ejemplo:

    “Qué, quién, cuál, cuán, cuándo, cómo, dónde llevan acento:

    1. Cuando son interrogativos o explicativos directos o indirectos.

    Ejemplo: ¿Qué te dijo tu amiga?
    ¿Quién llegó tarde en la mañana?
    ¿Cuál es el problema?
    ¡Cuán verde era mi valle!

    2. Cuando tienen carácter enfático.
    Ejemplo: No sé cómo decirte esto.
    Sabrá Dios dónde dejé las llaves.

    Que, quien, cual, cuan: no se acentúan cuando son pronombres relativos.

    Ejemplo: El traje que te pusiste era prestado.
    Me dijo quien era.
    José, el cual se cayó del columpio, está mal.”

    Diccionario RAE

    5. pron. indef. En la fórmula quién(es) … quién(es), equivale a uno(s) … otro(s).

    ORTOGR. Escr. con acento. Quién aconseja la retirada, quién morir peleando.

  8. Muchas gracias por su observación. No sé por culpa de quien se me pegó la tilde una y otra vez.

    De todos modos, voy a ver el asunto en mi diccionario de dudas y dificultades.

    F. R.

  9. Cuando algun individuo entra en alguna de estas quintitas(todos quieren tener su obra,congregación) está buscando seguridad y tierna comprensión lo cual genera tibieza y conformidad lo cual termina alejándote de la pasión por la verdad)En otros casos genera apostasía .Tirsitérrimo,ejemplos tenemos muchérrimos.
    Y se multiplican los caudillejos de la descomposición del catolicismo tan bien marcada por Bouyer y se creen santos. Y van ………

  10. Estimado Fraile:

    Como persona mediocre -y no se queje, porque a éstos van dirigidos sus sermones- me fijo más en la forma que en el fondo. Y ya en varios artículos ha acentuado el pronombre relativo “quien”, que no lleva acento. Sólo se acentúa el pronombre interrogativo o exclamativo “quién”.

    Saludos.

    Mediocre


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