Posteado por: Fray Rabieta | 15 marzo 2010

Quinto misterio rabioso

No escuchasteis la voz de Yahvé, ni observasteis su Ley, ni sus mandamientos,

 ni sus testimonios; por eso os ha sobrevenido la presente calamidad.

(Jer. XLIV:23)

Habrá en diversos lugares hambres y pestes y terremotos.

Todo esto es el comienzo de los dolores.

 (Mt. XXIV:7)

Estimados cretinos:

En el quinto misterio rabioso se contemplan las profecías de Cristo sobre la fin del mundo—el misterio más odiado, negado, tergiversado, distorsionado y olvidado de nuestro tiempo. El misterio más anti-progresista de todos, porque Cristo anunció que al final caerá una gran calamidad sobre los hombres y vaticina catástofes y tribulaciones “como no las hubo desde los tiempos de Noé, ni las habrá”.

En este rosado tiempo de los progresistas, el tiempo en que nos hemos olvidado de Dios y de sus mandatos, que hemos desecrado los templos y aprobado inmundicias sin cuento, en esta dorada época de genocidios y abortos en masa, en este magnífico período de la historia en que hemos matado a cientos de miles de inocentes, mujeres y niños, con bombas atómicas o de fósforo, lo mismo da—en este tiempo en que se consuman, homologan y celebran las prácticas más detestables, las degeneraciones más abominables, los rituales más diabólicos y los discursos más estúpidos que se puedan concebir… en este mismo tiempo, de curas pedófilos y de obispos apóstatas… la tierra se ha puesto a temblar.

Los animales anticipan un terremoto: saben de antemano que “está para que tiemble” y lo hacen saber con extraño comportamiento, los perros aúllan, y las gaviotas hacen un revuelo bárbaro, etc. Sólo los hombres no saben vaticinarlos. Con toda su soberbia ciencia, con todas sus opulentas computadoras y presuntuosa tecnología, no saben cuándo, ni dónde va a ocurrir el próximo terremoto. Y cuando suceden se sorprenden, y se escandalizan, y se quejan, y renuevan las injurias contra el Creador. Pues son apóstatas, herejes, agnósticos, altaneros y sobre todo, sumamente estúpidos, a ver si creen por un instante que Dios no se va enojar…

Claro que se va a enojar—en el tiempo oportuno. Dios no tiene apuro, pero enojado está, ni se les ocurra creer otra cosa. Y cada día se acerca más el Día de la Ira. ¿Y cómo no va a estar enojado con los hombres que se niegan a oír su voz, que se niegan a aceptar a Jesucristo, que no quieren rendirle un culto decoroso, que odian la noción misma de pecado—o simplemente, la desconocen. ¿Que creen que la vergüenza es lo peor de todo (Freud dixit), que no conciben siquiera arrepentirse y enmendar su conducta? ¿Qué desconocen la idea misma de expiar culpas? ¿Que desprecian el único sacrificio redentor, que se mofan de la devoción a su Madre, que desprecian las profecías y se ríen de los Diez Mandamientos?

 Comparen nomás lo que hacían en Salta no hace tanto tiempo atrás cuando la tierra le daba por temblar. Averigüen lo del Cristo del Milagro, y comparen eso con los hombres de ahora, con la Iglesia de ahora…

No señor, estamos en el nuevo tiempo de la más completa apostasía, aquella que profetizó San Pablo como antecedente inmediato del Anticristo (II Tes. II:3)—Bergollo a la cabeza, con el Cardenal Primado de España que prácticamente celebra la ley de aborto sancionada en aquellos reinos, o el de Austria que detesta la idea misma de un Dios dispuesto a castigar a los hombres por sus innumerables y nefandos pecados… No hay más que mirar a nuestros alrededor, constatar sencillamente el estado en que se encuentra la Iglesia Católica de nuestros días, el terremoto moral en el que estamos, para comenzar a preguntarse, para comenzar a admirarse que los terremotos no se multipliquen más, como si las cosas no estuviesen para esperar calamidades sin cuento, tribulaciones como no las hubo desde el Diluvio, “ni las habrá”.

Y la advertencia de Cristo, como todas sus palabras, en saco roto: “Habrá, entonces, grande tribulación, cual no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá” (Mt. XXIV:21). ¡Qué tontos, nuestros hermanos los progresistas, y muchos, muchísimos de los conservadores! En vez de temblar, dicen que falta mucho, muchísimo, que no conviene andar fijándose en eso, que vaya uno a saber a qué se refería Cristo, que Castellani estaba loco y que no sabía nada… ja, ja. Ya te voy a dar a vos.

Pero Castellani, les ganó de mano, como a osadas el mismo San Pedro:

Pretenden, en efecto, que Cristo se equivocó y engañó a sus Apóstoles creyendo que el mundo se acababa entonces mismo, cuando Él predicaba, o muy poco después. Esgrimen exactamente la frase que en labios de ellos pone San Pedro: “Falló la promesa relativa a la Segunda Venida”.

Falló, pues. O sino, al revés, andan repitiendo que falta mucho. Yo no sé cuándo, pero lo cierto es que Cristo prometió volver “pronto”—es prácticamente su última palabra, en el penúltimo versículo del último capítulo, del último libro de la Biblia (Apoc. XXII:20). Y el mismo libro advierte que versa sobre cosas que deben suceder “pronto”. Y también dijo que su palabra no pasará. Y la palabrita esta, “pronto”, tampoco pasará.

¡Falta mucho! Estos teólogos de pega saben más teología que Cristo. Ja, ja, ¡mis distraídos babiecas, ¿qué se creen ustedes?! ¡Qué sorpresa no les espera! Falta muuuuchooo, claro que sí, ya te voy a dar a vos. Y luego agregan que no conviene fijarse en las profecías, a pesar de las decenas de lugares del Antiguo y del Nuevo Testamento que aconsejan exactamente lo contrario. “No menospreciéis las profecías”, como por ejemplo, manda San Pablo (I Tes. V:20). No digo que anden hurgando entre revelaciones privadas, que sobre ésas no diré nada. Pero por lo menos las profecías de Cristo: con esas solas tienen para entretenerse. Antes de que sea tarde, vayan a sus casas, abran el Evangelio y fíjense mientras hay tiempo todavía: San Lucas XVII:20, San Mateo XXIV:23 y San Marcos XIII:21.

La gente anda perturbada preguntándose si no hay correlación entre la conducta de los hombres y estos grandes desórdenes cósmicos. Y los obispos y los curas los tranquilizan fácilmente: “No tiene nada que ver”, ja, ja. ¡Nada que ver! Y esto es a raíz de una infidelidad, de una ceguera, de una enfermedad mucho más profunda, mucho más grave, que hace más de cincuenta años denunció el gran Castellani:

La enfermedad mental específica del mundo moderno es pensar que Cristo no vuelve más; o al menos, no pensar que vuelve.

Y va a volver, mis somnolientos floripondios, porque es “volvedor”.

Pero antes, muy queridos míos, habrá un poco de dunga, dunga.

Y sí, terremotos también, cómo no, cómo no iba a haberlos.

 * * *

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Responses

  1. “Interrogó un hermano a abba Matoes: “Dime una palabra”. Y le respondió: “Recorta de ti la discusión acerca de cualquier asunto, y llora y arrepiéntete, porque se acerca el tiempo”. (Apotegma 524)

  2. Fray:Supuse como el Carlista que Bloy era de su agrado.Que Savonarola lo siga protegiendo.Respetuosamente y esperando al Padre Merrin.Yo ,Father Karras.

  3. Estimado fraile,
    No me refería a la cuestión de fondo, sino al estilo vehemente de sus prédicas.
    Sobre lo de fondo me imaginé que no coincidiría, aunque le confieso que sobre el particular no estoy con los autores que cita, ni del todo con el franchute. Digamos que en el medio, más o menos.
    Pero será, quizá, tema para otra ocasión.
    Saludos,

  4. Carlista, no soy León Bloy y no me gusta del todo.

    Encuentro especialmente desafortunada la referencia a los judíos.

    Demasiado tenemos con los cristianos para ocuparnos de ellos. Dejémoselos a Frank-Duquesne, a Bruckberger y a la Simona Weil.

    Que esos sí que sabían.

    Saludos,

    F.R.

  5. Father Karras:

    Abona aun más la sospecha de bloyerismo que compartimos sobre el R.P. Rabieta, la forma poco “abierta” de la que ha hecho gala más de una vez. Recordemos nomás a Bloy en su Salvación por los Judíos, cuando con toda sutileza supo espetar:

    “La simpatía por los judíos es un signo de ignominia, naturalmente. Es imposible merecer la estima de un perro cuando no se siente asco instintivo por la Sinagoga”, o también: “desde el punto de vista moral y físico, el judezno moderno parece ser la confluencia de todas las fealdades del mundo”.

    También En las Tinieblas, Bloy -como Rabieta- nos habló de lo justo:

    “la prosperidad diabólica de los mercachifles que habrán hambreado, torturado a sus mujeres y sus hijos … Es posible que entonces los alegres y sonrientes aprovechadores no hallen grutas bastantes para hurtarse al furor de esos desencadenados para quienes despanzurrarlos será una delicia paradisíaca”

  6. Atilano, lea los papeles de Benjamín Benavidez del P. Castellani, alli se explica todo basatante claro.
    H, los salteños por más que recen estan al HORNO
    ¿su H es por Horno?

  7. Atilano: No es terrorífico, sino esperanzador.
    “Cuando estas cosas empiecen a suceder, levantad vuestras cabezas, alegraos, porque se acerca vuestra redención.” -San Lucas 21,9-28.

  8. Para completar su Bloyerismo nada más le faltaría nombrar las apariciones de la Salette que no están difundidas por que molestan al clero apóstata.Todo esto da miedo.

  9. Non sit vobis vanum mane surgere ante lucem: quia promisit Dominus coronan vigilantibus.

    (Invitatorium ad matutinum tempore quadragesimae)

  10. ¡Uf! He buscado su cita de S. Mateo y no es un versículo, sino todo el cap. XXIV. Terrorífico. Quisiera saber a qué se refiere «la abominación de la desolación». Gracias.

  11. He decidido probar lo que ayer mismo me han insinuado. Que el Padre Rabieta es bloyista, o bloyero, o como se diga, y que los que ésto creemos no somos unos tontos. Vean qué cosas ha escrito el finado Leon Bloy:

    En su Exégisis de Lugares Comunes, toda una delicia acerca de uno que no creía en Lo Eterno: “A tal punto eres imbécil, pobre amigo mío, que desalientas al mismo tiempo a la metafísica y a la zoología, ansiosas ambas por saber tus orígenes”.

    En la pedagogía de su Mujer Pobre: “Soy completamente dichosa -le contestó ella- No se entra en el Paraíso mañana, o pasado mañana, ni dentro de diez años; se entra hoy, cuando se es pobre y se está crucificada”.

    En el primero y mejor de sus Diarios, El Mendigo Ingrato, se mostró tan radical como el mentado fraile en este quinto Misterio: “estamos los dos instalados en la intolerancia … la Inquisición fue demasiado parsimoniosa en sus suplicios, la verdadera caridad apostólica radica, ante todo, en la abundancia y calidad de las masacres”.

    Y como no está bien alargar tanto la cosa, termino con sus Historias Impertinentes, donde supo decir de uno que fue admirado por la plebe luego de su suicidio: “… sería muy difícil encontrar o aun imaginar un idiota tan consumado como ese mercader de aceite de esfinge … Fue escolar, delator y ladino … este imbécil de campeonato tuvo, desde el principio, algo que daba sensación de profundidad”.

  12. En Salta se sigue haciendo, con los temblores del otro dia hasta los ateos andaban rezandole a los Señores.


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