Posteado por: Fray Rabieta | 11 enero 2010

¡Y quieren ser obispos!

Así dice Yahvé, el Señor:

 Heme aquí contra los pastores.

 (Ez.: XXXIV:10)

Oídme un poco, mis queridos zascandiles:

A los fariseos, la presencia, la palabra, los gestos y el general comportamiento de Cristo, les molestó bastante. Tanto como para finalmente resolver que la única solución era la solución final—y lo mandaron al muere. Como lo dice muy bien uno de ellos, “si lo dejamos continuar, todo el mundo va a creer en Él”. Así que intentaron interrumpir su carrera crucificándolo, un modo de censura un poco cruel, díganme una cosa.

Pero los cristianos de hoy no molestan a nadie, fíjense un poco. Pónganse en lugar de los comunistas o de los liberales, de los masones o de los judíos, del Rotary Club, o de la Trilateral Comission, lo mismo da… la verdad es que los cristianos de nuestro tiempo molestan bastante poco. Es cierto que algunos embroman con el tema del aborto, que hay otros que se las tienen con los homosexuales o la forra cuestión de los condones… pero, con todo, bien mirada la cosa, no molestan demasiado. Se los puede tolerar, digerir. Se puede convivir con ellos, siempre y cuando se mantengan así de dóciles. Así ve el mundo a los cristianos de nuestro tiempo: unos tipos bastante dulces—como los de la parroquia de acá al lado—, bastante mansitos, bastante tranquilos y, para decirlo todo de una buena vez, bastante boludos.

Yo no sé ustedes, zascandiles que me miran boquiabiertos como si Cristo nunca hubiese usado expresiones fuertes—y a fe mía, bastante más fuertes que la que acabo de usar, “raza de víboras”, por ejemplo—pero conozco un solo género de tipos que se ponen locos con los cristianos, que se enojan de veras con los cristianos, que los persiguen, los castigan, con los que se niegan a dialogar y con los que prueban toda clase de iniquidades para acallarlos, aliándose con el mismísimo Satanás si a mano viene, con tal de terminar con ellos…

Por supuesto que me refiero a los cristianos de verdad, ¿no? No vayan a creer que ustedes corran algún riesgo de eso… ja, ja … ustedes que son tan tolerantes, tan dispuestos al diálogo, a la construcción de consensos, tan amantes de la democracia, el pluralismo, la desacralización y el relativismo, no corren ningún peligro… No, mis estúpidos zascandiles, quédense tranquilos, el mundo los ama y nadie los va a molestar. (¿El mundo los ama?, ¿Cómo a Juan XXIII? ¡Están perdidos!).

Ni siquiera la raza esta que tengo en mente, la raza más perversa que haya existido jamás y de la que quiero hablarles hoy, os molestará. Paz, haiga paz. Quédense así con ese cristianismo de tango que tanto los consuela y no corren el menor riesgo. Ni siquiera estos tipos de los que quiero hablarles hoy, la gente más mala del mundo, los va a incomodar.

¿Quiénes son, a quiénes me refiero?

Es fácil: a nuestros obispos, los pastores de báculo, mitra, títulos y púrpura que odian, con odio satánico, a los cristianos dendeveras. Y a pesar de su plena investidura sacerdotal, a pesar de los vestiditos colorados que refieren a la sangre derramada de los sucesores apostólicos, a pesar de ser pastores puestos por el mismo Dios para custodia del rebaño, son, y así se muestran continuamente, mercenarios. Por supuesto que no todos, desde ya que hay excepciones. Pero son contadas. La mayoría de los obispos que conocemos pertenecen a esta raza mercenaria, diabólica, más sucesores de Judas que de los demás Apóstoles.

Cristo organizó a su Santa Iglesia jerárquicamente. Por supuesto que quiso comenzar con un Colegio Apostólico—que comenzó con el consejo y la compañía de la Dulcísima—, desde ya que nunca quiso organizar una sociedad anónima, ni un club, ni un partido, ni una O.N.G… ja, ja. No, señores: por si lo han olvidado Él es Rey, vino a traer un Reino y no tuvo, ni tiene, ni tendrá jamás, la menor intención democrática. Cristo es jerárquico, y su Iglesia también lo es.

De manera que arrancó la cosa con San Pedro y San Pablo, lo incorporaron a Mateo para suplirlo a Judas, se los sumó a Santiago y a Bartolomé y así siguiendo, ¿eh?, los primeros Obispos de nuestra Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Que incomodaron bastante al mundo como que terminaron todos mártires.

Sus sucesores de hoy visten de colorado en memoria de su sangre, pero la verdad es que deberían estar colorados de vergüenza por su sistemática, continua y consistente colusión con el mundo.

Eso no quiere decir que Cristo no haya previsto lo que podía pasar:

El mercenario, el que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, viendo venir al lobo, abandona las ovejas y huye.

No son propias las ovejas, porque el pastor ni siquiera las conoce, ni siquiera oye su voz, ni siquiera saben quienes son, qué les pasa, etc… Por cierto que a estos pastores traidores, mentecatos, hipócritas y mentirosos, les espera una suerte nada envidiable. Hace siglos de siglos que el profeta Ezequiel había dicho lo que les pasaría:

Si el atalaya, viendo venir la espada, no toca la trompeta y el pueblo no es avisado, y llegando la espada arrebata a alguno de ellos, éste, por su iniquidad, perderá la vida, pero Yo demandaré su sangre de manos del atalaya.

 De manera que ya ven: viene el enemigo, arrebatará a los cristianos buenos y el mal pastor que se hizo el gil, el atalaya que no tocó la trompeta, que no advirtió de la presencia del enemigo y que ante su presencia huye, será hecho personalmente responsable de cada una de las ovejas de su grey.

Yo no sé cómo puede haber tanto cura que quiere ser obispo, ja, ja… están locos, no saben lo que implica, no saben qué cosas les preguntarán luego, cuando el día de la Ira… ja, ja, querer ser obispo… Afortunadamente los Frailes de esta Santa Orden de los Retobaos  tenemos prohibido en nuestras iracundas constituciones alcanzar esa dignidad—pero en serio, no como los jesuitas, que van de excepción en excepción—. Y además con eso evitamos aquello que decía aquel gran fraile, Renaudière de Paulis, que cuando les ponen el solideo apagan la poca luz que tenían en la cabeza, ja, ja, ja.

Ahora bien, me detendré un segundo en lo ocurrido en una parroquia de la Alta Normandía, Francia, en la diócesis de Evreux. Allí había una sola parroquia que funcionaba en serio, la del pueblo de Thiberville, a la que acudían de todas las demás parroquias a las misas que allí se celebraban con el decoro y reverencia que corresponden, donde su párroco durante más de treinta años ejerció sus funciones sacerdotales seria y ortodoxamente. Así que el obispo de Evreux lo destituyó, no lo reemplazó con ningún otro, y fusionó esa parroquia con una, progresista, vecina. La reacción de la grey puede verse en “Youtube” y aunque sé que no saben ni pizca de francés, verán lo que hacen los cristianos viriles cuando saben que su pastor no es pastor, sino mercenario, al servicio del mundo.

Las autoridades constituidas… ¡Dios mío!… las autoridades constituidas. Me trae a la memoria el cuento de Castellani: un obispo estaba almorzando en el Jockey Club y tenía un gran pectoral sobre el pecho. Un niño le preguntó qué significaba eso. “Significa que pertenezco a las autoridades constituidas”. El niño preguntó entonces quiénes habían crucificado a Cristo. “Las autoridades constituidas”, ja, ja, ja.

Ahora bien, nadie me va a hacer cambiar de opinión: la corrupción de lo mejor es lo peor, la parodia, la sustitución, el remedo de una cosa santa es la peor cosa del mundo. Y no hay, ni puede haber, nada peor que un obispo herético, falsario, mundano, hipócrita, miedoso, escrupuloso, bruto. Y así estamos, ¿no? Para volver a Castellani (¡y en carta al Nuncio! ¡y hace más de cincuenta años!):

 En la Argentina no hemos tenido pastores santos, si se exceptúa el bondadoso y un poco corto Mamerto Esquiú. Hemos tenido en cambio pastores malnacidos, pastores cobardes, pastores avarientos, pastores iletrados, pastores simoníacos, pastores embusteros, pastores calumniadores, pastores concubinarios; y los peor de todo, pastores villanos, estúpidos o idiotas. Yo lo pongo en tiempo pasado; S.E. es muy posible que pueda conjugar el tiempo, si (como creo) no pertenece a ninguna de esas categorías. El diablo conoce muy bien aquello de “heriré al pastor y se dispersarán las ovejas”. En nuestro país ha hecho una obra fina; y a consecuencia de ella, la Iglesia Argentina es un montón de ruinas, donde se esconden no pocos bichos, algunos venenosos.

Así estamos, cómo no, así estamos. Y ahora, si no se me quedaron dormidos, voy a decir por qué estos tipos odian a los cristianos dendeveras, a los cristianos viriles que aman a la verdad y son capaces de decirla en voz muy alta: los odian porque tienen miedo. Como decía Chesterton, “los medievales eran perseguidos por los diablos rojos de la pasión; los modernos, por los diablos azules del miedo”.

Le tienen miedo al mundo, así de simple. Puestos por Dios para custodiar al rebaño, le tienen miedo al lobo. No como nuestro Papa, felizmente reinante, que refirió a todo esto en la homilía de su asunción. Ése pastor sí que no tiene miedo y cuando tienen que cantar las cuarenta lo hace muy bien. Y no me sorprendería nada que, al final, tenga que dar la vida por sus ovejas.

Pero ¿los demás? Los demás le tienen miedo al mundo, y más miedo todavía le tienen a los cristianos capaces de decir las “cosas que todos saben, pero que nadie cantó” como decía nuestro Martín Fierro. Y por eso los persiguen, como al pobre párroco de Thiberville.

Porque los corren los diablos azules del miedo. Por supuesto que ellos llaman a eso “prudencia”, “tacto”, “diplomacia” y hasta “caridad”.

No importa. Que digan lo que quiran, sigue vigente la advertencia de Yahvé Dios, por boca del profeta Ezequiel, hace siglos de siglos:

Si tú no hablas para apartar al impío de su camino, este impío por su iniquidad morirá; pero Yo demandaré su sangre de tu mano.

 Y pensar que algunos quieren ser obispos, ja, ja, ja, mis adormecidos palurdos de cuarta, tipos que en serio: quieren ser obispos, ja, ja.

Dios los pille confesados. 

*  *  *

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