Posteado por: Fray Rabieta | 25 noviembre 2009

Se equivocó el patrón

Tal vez.

(Lc. XX:13)

 

Mis inestimables paparulos:

 

La mentira más grande del mundo es que hay paz, que puede haber una paz duradera aquí abajo, en el tiempo en que nos toca pasar por aquí. Y el mundo insiste con eso, ¿no? A morir: “Dicen «paz, paz» y no hay paz.” Y así lo denunció en su tiempo el profeta Ezequiel, “¡Cómo han extraviado a mi pueblo, diciendo «Paz», y no había paz!” (Ez. XIII:10). ¿Quién extravía así al pueblo? Mis adormecidos hermanos: los falsos profetas.

Juan XXIII, por ejemplo, el gordo que inauguró el Concilio Vaticano II denunciando a los “profetas de calamidades”, como a osadas, soy yo uno, loado sea Dios. Es el mensaje del mundo, propalado millones de veces por la radio, por la tele, en las revistas, por los pastores protestantes y los sacerdotes católicos (bueno, más o menos), por los rabinos à la page, por los obispos cancheros y los obispos solemnes, por los obispos gordos y los obispos a la moda, por los obispos de 4 x 4 y los obispos de remera y zapatillas. En esto coinciden todos: hay paz, o debe haberla. La Gran Guerra del ’14 se libró como “la guerra para terminar con todas las guerras”. Para siempre, ja.

Yo no sé de dónde sacó el mundo semejante imbecilidad, semejante mentira. ¿Quién dijo que tenía que haber paz? ¿Y de dónde se contaminaron con esta paparruchada tantos obispos, tantos curas, tantos “agentes pastorales”?

Tu abuela. Minga. Nuestro Señor en persona dijo formalmente que no había venido a traer paz sobre la tierra, sino espada. Y estos tipos lo saben bien, como lo dijo Miqueas muchos siglos antes, cuando pone en evidencia a “los profetas que seducen a mi pueblo, que muerden con los dientes, y claman «¡Paz!» y declaran la guerra a los que no les llenan la boca” (Miq. III:5). Por eso me pregunto, señores paparulos, y se los pregunto a ustedes ¿qué paz, ni qué niño muerto?

Desde que nuestros primeros padres desordenaron la Creación entera con el primer pecado, no hay paz sobre la tierra—ni la habrá, por lo menos, hasta la completa Victoria del León de Judá.

Y así como combate el agua con el fuego, el viento con los bosques, el mar con la tierra y la tierra consigo misma—que terremotos, que inundaciones, que sequías, que tsunamis, huracanes, deslaves y granizos—así como el organismo humano no es sino un tremendo campo de batalla (pregúntenle a los médicos si no: Alex Carrel decía que “la salud es un estado provisorio, que nada buen presagia”), así también los hombres también pelean entre sí, y se pelean con Dios, y se pelean consigo mismos. Estimables floripondios, piénselo de nuevo, ¿desde cuándo hay paz sobre la tierra, desde cuándo se acostó el león al lado del carnero? Déjense de embromar y pónganse a pensar un poco—sé que es mucho lo que les pido, pero piénsenlo de nuevo—paz, paz, ¿desde cuándo y cómo?

Es cierto que Nuestro Señor dijo que Él nos daba su paz—aunque aclara que no es como la paz del mundo—y que San Pedro recomienda buscarla y seguirla, es cierto que hay una bienaventuranza para los mansos y que Él nos enseñó a ser mansos y humildes de corazón—como que Él mismo lo era.

Pero muy otra cosa es la paz del mundo—por la que nos hacen rezar todos los domingos en la bendita “Oración universal de los fieles”. Fieles a qué, me pregunto yo, fieles a qué diablos…

Mejor, mucho mejor, es lo de Teresa la Grande:

 

Todos los que militáis, debajo de esta bandera,

Ya no durmáis, ya no durmáis,

Que no hay paz sobre la tierra.

 

Y para eso, Santa Teresa había nacido en Ávila, qué se creen ustedes, que

 

Todo buen avilés,

hábil es para la guerra

y si para la guerra hábil no es

no es un buen avilés.

 

Por eso, inestimables papanatas, les digo que tiene razón Peter Kreeft: ¡basta de rezar por la paz! Hemos de rezar por la victoria, qué tanto. La victoria del Señor que viene.

Castellani lo ha dicho bien, “Jesucristo es Volvedor”. ¿Y qué quiere decir con eso? Yo, aunque ustedes no lo quieran oír, se los voy a decir: vuelve, sobre las nubes, en gloria y majestad, para un juicio en el que “hasta el justo temblará”.

A lo mejor no lo creen. Monseñor Quesorete no lo cree. Pero, igual, todos los días se acerca el Día de la Ira—está profetizado, y en términos más que gráficos, por Nuestro Señor en persona, que en aquel tiempo, con sólo oír el rumor del mar “los hombres desfallecerán de espanto”, que “habrá una tribulación como no la hubo nunca desde los días de Noé, ni la habrá”.

Y mal que le pese a Karl Rahner o a Monseñor Pamchampla, igual sucederá “como en los días de Noé”, y aunque nadie lo quiera creer. Y eso también está profetizado: “Así como sucedió en tiempo de Noé, así será la Parusía del Hijo del Hombre. Porque así como en el tiempo que precedió al diluvio, comían, bebían, tomaban en matrimonio y daban en matrimonio, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no conocieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos” (Mt. XXIV 37-38).

Se los llevó a todos. Que se vashan todos. Que se los lleve el mismísimo demonio si no creen en las palabras de Nuestro Señor. ¿Qué creen ustedes, pedazos de sotretas? ¿Que Cristo no sabía Teología? ¿Que no era profeta? ¿Que era un iluso? Me gustaría mucho saber qué cree Monseñor Quesorete, porque sé que cree en la Tolerancia, en los Derechos Humanos y, como dice Castellani en “Su Majestad Dulcinea”, cree que el mensaje del Evangelio es “Paz, Dulzura y Prosperidad”. Ja, ja, hermanos míos. Si ustedes no tienen miedo es porque no tienen fe. Si ustedes no esperan el fin de los tiempos es porque no tienen fe. Si ustedes no trabajan “con temor y temblor por vuestra santificación” es porque no tienen fe. Y como dice Castellani, los incrédulos creen cualquier cosa. Como a osadas Monseñor Quesorete.

Ahora bien mis querido monigotes católicos, mis queridos “agentes pastorales”, les advierto por última vez: Dios no se equivocó. Ni se puede equivocar, ni puede inducir a error a los demás. ¿Ustedes creen que se equivocó?

Hay veces que me parece que sí, fíjense si quieren.

En la última admonición de Cristo a los fariseos, les propuso la parábola de los viñadores homicidas, que es más clara que el agua, ¿no? Un patrón arrendó su viña a unos labradores y se ausentó largo tiempo. Después envía un servidor para que le diesen el fruto de la viña. El texto es muy claro en cuanto a la conducta de estos maulas: Los sotretas apalearon al servidor y lo devolvieron vacío. Más claro, agua, pedazos de animales, fíjense bien: está en el Evangelio de San Lucas, está en el capítulo XX, versículo 10. Lo apalearon, ché, lo apalearon.

Pero el patrón éste tiene bastante paciencia, no vayan a creer. Envió otro servidor al que no sólo lo apalearon, sino que también “lo ultrajaron”. Y el patrón, se queda pensando sobre qué puede hacer. ¡Cuánta paciencia tiene! Entonces, mis queridos floripondios, entonces ocurre lo que Frank-Duquesne—y no pretendo que sepan quién es, ni me voy a molestar en decírselos, ¿para qué? ¿para qué perder el tiempo? Pero es el hijo de un rabino que se convirtió y… bueno no importa—ocurre en este lugar lo que Frank-Duquesne llama la palabra más importante de todo el Evangelio. La más importante… yo que ustedes me fijaría un poco, no sé—a menos que les parezca más importante subir otra foto al “Facebook”, o jugar otro partido en la “Play”, cosa que no me sorprendería en absoluto—la palabra más importante de todo el Evangelio…

¿Y cuál es esa? “Quizás”. Como dice la canción: “Quizás, quizás, quizás”. O se puede traducir con dos otras palabras—el concepto es el mismo: “tal vez”. ¿Y dónde aparece esto? Se los voy a decir, queridos pelafustanes, aunque sé bien que no me van a dar pelota, que se van a olvidar de todo esto, ni bien pronuncie mi “Ite, missa est”: ocurre cuando el Patrón resuelve enviarles a su Hijo muy amado. “Tal vez a él lo respeten” dice el texto, en el versículo más importante de los Evangelios, el versículo 13: Tal vez… quizás…

Pero se equivocó el Patrón, no lo respetaron nada. Lo sacaron de la viña y lo mataron. Se equivocó el Patrón, ché… y le mataron al Hijo muy amado (otro que se equivocó al aceptar ir para que lo hagan trizas. Y mientras lo trucidaban, el Patrón ni apareció; lo abandonó).

De manera que tienen razón Bultman y Quesorete y Hans Küng y Bergollo y toda esta manga de teologastros de pega: se equivocó el Patrón, porque al Hijo no sólo no lo respetaron, sino que lo crucificaron, a ver si nos entendemos muchachos: lo mataron con un suplicio de esclavos. “Tal vez respeten a mi Hijo muy amado”. Minga. Tu abuela. Ni por pienso.

Así que, claro, ahora no le tienen miedo al patrón, ni a nadie ni a nada (“No tengáis miedo” le gustaba repetir al último Paparulo), y creen que hay paz, y hablan de la tolerancia y de los derechos humanos y de la democracia y de construir espacios de consenso y de alcanzar realidades superadoras y no sé cuántas sandeces más. Porque creen que se equivocó el Patrón.

Pero el detalle está en que no se equivocó nada, basta con fijarse un poquito. Él mismo, Cristo, afirma lo que sigue: “Todo poder me ha sido dado en el cielo y sobre la tierra” (Mt. XXVIII:18). Todo poder… píenselo un poquito, mis queridos distraídos pelafustanes… todo poder.

“Respetarán a mi Hijo”.

¿Y ustedes creen que no?

Les voy a decir una sola cosa: cuando llegue el Día, ya van a ver si lo van a respetar o no.

Y cómo.      

*  *  *

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Responses

  1. La Palabra dice “trabajad con temor y temblor ‘EN’ vuestra salvación” si fuera “por” la salvación seria por obras y en vano el sacrificio de Cristo.

    Una vez salvos, somos regenerados para toda buena obra, si no somos regenerados es que no somos salvos.

  2. Amén a lo dicho por el reverendo Fray Rabieta y Monaguillo Ciego

  3. Estimado Fraile:
    Gracias por el dato, es muy alentador descubrir cosas nuevas. Claro que entre pequeño, mediano y grande debería contar con opción “braile”, que es la de mi maquina de imprimir. No olvide que soy ciego.
    A proposito del post, luego de haberlo leido (o tocado en mi caso) me paerció muy bueno, me gusta el esitlo. Las pocas pulgas son muy útiles en los tiempos que corren. Por decir las cosas de manera amable estamos como estamos, por no querer confrontar, estamos como estamos, por querer mejorar en las formas, estamos como estamos; y se nos filtro un concilio que, de a poco, nos va a aniquilar a todos. Eso si, buenamente, en democracia, con juicios previos, sin insultos, sin discriminaciones y con una sonrisa.
    Creo que esa “sonrisa” no es amable, es una sonrisa demoniaca, es la sonrisa de Luzbel al ver lo bien que le están saliendo las cosas.
    BASTA por favor de gente buena !!! Basta de de pades PEPE o padres Farinello, o de minutos de silencio convocados por Marcó y el rabino Berga-man.
    Insulte Fraile, despotrique Fraile, irrumpa Fraile, escandalize, sea la piedra de tropiezo de los melifluos cobardes que no se bancan la fe.
    Al que no le guste, que no lea y se vasha a rezar con los rabinos Berga-man y Marco.
    Atentamente.
    El monaguillo ciego

  4. En la barra de su Explorer, la tercera opción de izquiera a derecha dice “Ver” (Después de “Archivo” y “Edición”).

    ¿La encontró? Bueno, abra esa pestaña y baje hasta “Tamaño de texto” y elija su opción.

    Y así, también puede leer en pantalla.

    Fray Rabieta.

  5. Estmado Fraile: Hoy alguien me recomendó su pag. web. Parece bastante interesante, no se se lo diré después de que imprima y agrande la letra porque lo que se ve por mi pantalla es una letrita penitencial. Saludos
    Monaguillo ciego


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